domingo, 24 de junio de 2018

Y llegamos a nuestro destino...

El pasado viernes fue un día plagado de emociones. Nos abrazamos, nos reímos, cantamos, bailamos, comimos, bebimos, brindamos, jugamos, nos miramos... NOS MIRAMOS. Y en esas miradas, fijas, suaves, sin prisas, de uno a otro, hasta que el corazón nos indicaba que ya era suficiente, nos lo dijimos todo. Por si nos quedaba algo por expresar. Por si nos quedaba algo por compartir. Por si nos quedaba algo por sentir. Para sabernos unidos, juntos y enlazados en nuestras vidas para siempre.

Ser maestra es algo absolutamente fascinante y mágico. Lo es porque no solo te hace vivir el trabajo sin trabajo durante una parte del tiempo, que es la que compartes directamente con ellos, sino porque ser maestra, además, te inspira para la vida, te hace crecer y ser mejor persona. Se produce una retroalimentación que enriquece a todo el grupo cuando te sientes parte del mismo, y la convivencia del equipo empieza a enviar destellos de energía que aún conectan más y más al conjunto hasta que se acepta como un todo perfecto. Y aún hay algo más maravilloso que esto, que es el reto de aplicar esta misma estrategia y estas mismas herramientas en otros contextos y en la propia vida.

Ese será precisamente ahora el reto de mis haces de luz, y yo los sé capaces y preparados. La impermanencia es una cualidad humana. Y si algo define a mi equipo de estrellitas, es su inmensa humanidad. Por eso, mis adorados destellos ahora se dividen, aunque yo siempre los seguiré recibiendo para iluminarme. Y como dijeron una vez los sabios, "Infinitos abrazos colectivos nunca se terminarán si todos estamos juntos". Juntos, para siempre.

Os dejo el vídeo con el que Mariola, la mamá de Javier Luis, nos sorprendía y emocionaba a todos el viernes haciéndonos recordar muchos de nuestros momentos durante estos cuatro años: "La clase de la seño María". También os dejo más imágenes para el recuerdo de otro bonito y especial día juntos, en este caso, nuestro último día de este trepidante, alucinante y mágico viaje. Algunos momentos de ese día fueron recogidos por la cámara, otros, los conservo en un papel, pero todos, todos los momentos vividos juntos a vosotros durante estos cuatro maravillosos años, han quedado grabados en mi alma para siempre.

Una vez más, GRACIAS. Por todo, por tanto, y para siempre.



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